

CÓMO LA DISTORSIÓN DEL ENAMORAMIENTO AFECTA NUESTRAS
RELACIONES Y NOS HACE PERDER EL AMOR PROPIO.Recuerdo a mi primer novio. Tenía 18 años y, como muchas personas de mi edad, no entendía nada sobre lo que realmente significaba una relación de pareja saludable o el concepto de amor en sí.
Lo único que tenía claro, al menos superficialmente, era lo que había visto en las películas de Hollywood y lo que observaba en casa. Mis padres llevaban años juntos, siempre se veían estables, nunca los vi discutir de manera caótica.
Pero mi historia fue diferente...Las discusiones diarias, los gritos, las faltas de respeto... todo esto comenzó a convertirse en parte de lo que creíamos que era "el amor".
No quería verme, solo hablábamos por teléfono en ese tiempo, solo los teléfonos fijos existían, por lo que mi cuarto se convirtió casi en una cárcel, aunque vivíamos muy lejos, la forma de dejarme controlar era no salir del cuarto para que cuando él llamara estuviera ahí atendiendo su llamada... esto me parecía súper romántico estar ahí para esa persona, para que entendiera cuánto lo apreciaba yo con este gesto de amor... pero esto hacía que este gesto de amor hacia mí fuera todo lo contrario. Cada vez me iba viendo menos a mí con tal de verlo más a él, cumplir con sus necesidades era mi razón de vida, perdiendo de vista mis necesidades que era lo que yo quería.Y, por alguna razón, pensaba que eventualmente todo se solucionaría como en las películas románticas, con una reconciliación espectacular, llena de lágrimas y promesas de cambio. Claro que las promesas se daban, pero duraban algunos meses y luego otra vez volvíamos a la misma historia.
Mi mente, influenciada por las canciones de desamor de Luis Miguel, Axel Rose y aquellos éxitos que me acompañaban en cada desvelo nocturno, me convencía de que el amor todo lo podía, que el sacrificio y la paciencia valían la pena, incluso cuando se te estaba dando un trato que no te respetaba.
Y ahí fue cuando empezó a preguntarme: ¿Por qué aceptaba esas faltas de respeto? ¿Qué pasaba con el amor propio que tanto predicamos, pero que nunca practicamos?
Desde pequeños, todos desarrollamos formas de vincularnos con los demás, y esto, inevitablemente, se refleja en nuestras relaciones románticas. Si crecimos en un hogar donde las emociones eran reprimidas o la relación de los padres no mostraba vulnerabilidad, podemos caer en patrones similares, buscando inconscientemente a alguien que nos haga revivir esas dinámicas, aunque no siempre sean saludables.¡Sí!